viernes, 21 de febrero de 2020

Tipos de texto según su función




Una de las funciones más importantes del lenguaje es la comunicación. En el texto escrito, al igual que en la comunicación oral, es fundamental tener claridad respecto a cuál es la finalidad de nuestro discurso. De acuerdo a esa finalidad debemos organizar lo que decimos, y sobre todo cómo decimos lo que decimos, sin olvidar a quién va dirigido, y dónde (a través de qué canal) y en qué contexto lo enviamos.



Si mi texto es informativo, mi lenguaje debe ser claro, directo, organizado, para que mi mensaje cumpla su función. Evito divagar, ponerme muy anecdótico.

Ahora, si mi texto es emotivo, es decir, busco tocar el mundo subjetivo de quien va a recibir el mensaje, mover sus emociones, hacerlo “sentir” de una determinada manera; mi lenguaje, las palabras que usaré, irán de acuerdo al sentimiento que quiero generar. Un lenguaje agresivo no genera ternura o compasión, la genera un lenguaje afectuoso o empático. ¿Verdad?



Si quiero mover a la acción, o que una acción se detenga,  lo más indicado sería un texto apelativo, vale decir, centrado en el receptor, que utilice palabras persuasivas, que le indiquen que obtendrá algún beneficio, o incluso palabras imperativas, que le indiquen la necesidad urgente de la acción o las consecuencias negativas de no realizarla. La publicidad, por ejemplo, sería un discurso apelativo persuasivo; el ruego o la orden de mando superior serían discursos apelativos imperativos, en tanto se vinculan a un deber moral o de otro orden.

Mientras que, un texto poético, tiene una finalidad estética, expresiva, entonces nos pide un lenguaje figurado, que apela a nuestra noción de belleza, a nuestra capacidad de imaginar, aunque también a nuestros sentimientos, como lo hace el texto emotivo, diferenciándose de este, en que en el poético, al tener una finalidad artística, hacemos un uso más cuidoso, un uso literario del lenguaje.

Hay textos que sencillamente buscan iniciar o mantener la comunicación, son los textos fáticos. Por ejemplo, cuando un orador pregunta al público: “―bienvenidos, ¿cómo se sienten?”; o cuando hablamos por teléfono y decimos: -¿Me escuchas?¿Me entiendes?



De igual modo ocurre con los géneros discursivos literarios. Si predomina el relato de acciones, estamos ante un texto narrativo. Pero si el texto es descriptivo y su autor expresa emociones o sentimientos, estamos ante un texto lírico-poético. Mientras que si predominan la exposición de ideas y la argumentación el texto es ensayístico. En el ensayo pueden contarse también anécdotas o expresarse en un momento dado sentimientos, pero está centrado en argumentar una o varias ideas. En el discurso teatral, que está escrito para ser representado, también podemos encontrar ideas o anécdotas, pero los encontraremos en forma de diálogo.

Nuestro texto, o nuestro discurso, si vamos a leerlo, debemos organizarlo de acuerdo a nuestra intención, el efecto que queremos generar en nuestro receptor. ¿Queremos hacerlo reflexionar?¿Queremos hacerlo reír?¿Queremos hacerlo llorar?¿Queremos que cambie una determinada conducta?¿Queremos solamente entretenerlo contándole una historia?¿Queremos conmoverlo?¿Queremos que nos compre algo?



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